sábado, febrero 14, 2009

De aquel verano tengo muy buenos recuerdos, uno de ellos el de los parques de Moratalaz y Vicálvaro que dibujamos en ese estudio de Príncipe de Vergara. Cuando fui, pocos años después, al lugar del crimen pude constatar lo distinto que es dibujar los árboles a verlos: en los planos siempre quedan bien, al natural eran simples palitos atados a una guía, ni una sombra en aquel erial sembrado de bancos y farolas. Y me di cuenta de que los jardines no empiezan a percibirse bien hasta muchos años después: cuando las plantas han crecido. Lo mismo sucede con los espacios abiertos, las plazas, las calles, la ciudad: solo hermosean en la madurez, cuando se han llenado de gente, cuando los árboles son adultos, cuando ha pasado el tiempo de asentarse y reposar.
Puede que sea ésta la razón por la que a mis colegas no les suele gustar el urbanismo: los buenos resultados tardan en aparecer.

2 comentarios:

Jose Maria dijo...

LA CINTA VERDE DE REBORDEAR LOS PLANOS, SEGURO QUE ERA VERDE POR LA CANTIDAD DE ARBOLITOS QUE PEGABAMOS, AUN PERMANECE EN TU LIBRO, ME ALEGRO, COÑO CASI ME HACES LLORAR, SIGO ESCRIBIENDO EN MAYUSCULAS.
YO TAMBIEN CONSERVO LOS LIBROS, SABES QUE ME GUSTABA Y AHORA CASI ES UN VICIO LEER, CON ALGUNA ANOTACION TUYA

guaPalupe dijo...

JOOOOOOOOOOSE,
Pero como coño has llegado hasta aquí si yo creí que sólo lo leía algún amiguete de Béjar, de Salamanca y para de contar.
¿Anotaciones mías? Ni idea.
BESAZO.