
Jose, Alberto y yo cursamos juntos los últimos años y coincidimos en el Proyecto Fin de Carrera. Recuerdo especialmente el día que me llamaron a Tribunal Oral. Era como la Inquisición, tal cual, ya que solo éramos llamados los “dudodos”.
Jose y Alberto me acompañaron hasta la puerta, me dieron una copita de coñac para aplacar los nervios y envalentonarme, me esperaron hasta que salí y… ya solo recuerdo que me suspendieron. En la siguiente convocatoria me aprobaron (siempre decimos “me suspenden –ellos-” pero “apruebo –yo-”, curioso), pero esa es otra historia, tal vez la cuente en otra ocasión.
No suelo olvidar los bellos gestos y éste fue uno, muy importante para mí.