Bejar tiene olor añejo de regustillo amargo y dulce al mismo tiempo.
Asoma tímida su silueta por un ventanal que aún no ha visto la luz.
Detrás de la ruina y del tapial, la Naturaleza acompaña siempre al caminante.
Estoy de acuerdo en que aquí huele a añejo, sobre todo algunos rincones. La primera imagen es de una visita secreta al futuro Museo Textil (en proceso de terminarse) y la segunda desde mi calle, hacia el monte de El Castañar, con la Sierra nevada al fondo. Tiene momentos mejores, pero este fue el que vio guaPalupe.